miércoles, 18 de febrero de 2026

Monólogo de un Cabrón que Aprendió a Morir en Vida.

Mira, cabrón, te lo voy a escupir sin anestesia, porque ya me harté de lamerme las heridas con guante de seda. Esta puta vida me ha dado más hostias que una mala hostia, y aquí sigo, de pie, con los huevos en la mano y la dignidad intacta, jodiéndome pero sin doblarme.

Sí, coño, lo admito: contigo fue diferente. No fue una chispa, fue un puto incendio forestal que me calcinó por dentro. Química brutal, de esas que te dejan el alma hecha mierda y el cuerpo pidiendo más. Me desbordaste, me volviste loco, me hiciste temblar las piernas con una puta mirada. Y ahora, ¿qué? Se acabó. Se fue a la mierda el tiempo, se esfumó el "para siempre" que por primera vez en mi puto sentido.
Pero escúchame bien, pedazo de imbécil que llevo dentro: no voy a llorar como una plañidera. Ninguna puerta por la que he salido decepcionado me ha visto volver. Ni putas, ni hermanos, ni supuestos amigos. Cuando yo digo "se acabó", es que se acabó, punto. No guardo odio, ni rencor, ni mierdas de esas. Guardo indiferencia. Una puta losa de hielo que me protege de todo lo que ya no me suma.

Porque la vida, colega, es una perra traicionera. Te da un beso envenenado y luego te clava el cuchillo por la espalda. Hay gente que paga amor con puñaladas, otros te ofrecen migajas cuando mereces un banquete. ¿Y sabes qué? Que no tengo que aceptarlo. Me largo. Me voy en paz, sabiendo que todo lo que di, se queda. Pero no miro atrás. En esta puta ruleta rusa, no pierde el que da de más... pierde el que no supo valorar una joya cuando la tenía entre las manos.
El mundo te va a romper el corazón de todas las formas imaginables, cabrón. Eso está garantizado. Y no hay manual, no hay explicación, no hay "por qué a mí". Solo hay que agachar la cabeza, recibir el golpe, y volver a levantarse con más rabia que antes. Y cuando tengas el corazón hecho añicos, toca reconstruirlo. Y no solo eso: toca volver a confiar. Esa es la parte más jodida, la que te hace querer mandar todo a la mierda y encerrarte en una cueva.
Pero aquí está la puta verdad: si dejas de soñar, si dejas de ilusionarte, si dejas de amar por miedo a que te partan la cara... ¿qué coño de vida es esa? ¿Para qué quieres respirar si no vives? No se puede vivir con el culo apretado, esperando la próxima hostia. La vida es caerse, levantarse, volver a caerse y volver a levantarse. Y duele como el infierno. Pero si ni siquiera te mueves por miedo a caer... ya estás muerto, hermano. Ya perdiste.
Y me di cuenta de otra cosa, cabrón: siempre era yo el que arreglaba los desastres. Yo el que proponía hablar, el que se acercaba, el que luchaba. Y si no lo hacía, el silencio podía durar días. Y entendí que una relación no puede depender de un solo puto. Porque quien lucha por algo es quien teme perderlo. Y yo también merezco que alguien luche por no perderme a mí. Merece la pena, joder.

Alguien, hace una eternidad, me soltó esta perla: "Acostúmbrate a estar solo, cabrón. A vivir sin depender de nadie. Las promesas se las lleva el viento, las personas cambian, y un día se piran sin decir adiós. Acostúmbrate al silencio. Aprende a vivir en soledad, a estar bien contigo mismo, a disfrutar de tu propia compañía. Acostúmbrate a dormir solo, a comer solo, a caminar sin que nadie te espere. Acostúmbrate a quererte, a conocerte, a ser tu propio refugio. Porque si aprendes a vivir en soledad, ya nunca, nunca, estarás solo".
Y tenía razón, el muy hijo de puta.
Así que aquí estoy. Agradecido por el ratito que me tocó, aunque me haya dejado el alma en carne viva. Agradecido por la conexión brutal, por la química que me voló la cabeza, por las risas, las tonterías, los abrazos que curaban más que cualquier medicina. Pero también soy consciente: éramos las personas correctas en el momento más equivocado de la puta historia. Y ya me cansé de reclamarle al destino. Tal vez solo era lo que tocaba: conocerse, amarse hasta las estrellas, y luego ver brillar al otro en un cielo diferente.

Y joder, yo quería para siempre. Lo sentí. Por primera vez en mi puta vida, lo sentí. Pero a veces, el "para siempre" es un lujo que la vida no te concede. Y toca aceptarlo. Sin dramas. Sin victimismo. Con la frente alta y los huevos bien puestos.

Porque al final, cabrón, lo único que te llevas es lo que has vivido. Lo que has sentido. Lo que has dado. Y si lo diste todo, sin reservas, sin miedo... entonces no perdiste. Aprendiste. Creciste. Te volviste más fuerte.

Así que sí, joder. Extrañaré su sonrisa. Sus abrazos. Su forma de mirar que me dejaba sin aire. Pero no voy a quedarme anclado en el ayer. Voy a seguir caminando. Con más cicatrices, sí. Pero también con más sabiduría. Con más ganas de vivir, aunque la vida me siga dando cachetadas.

Porque si no me ilusiono... ¿para qué coño sirvo?
Si no sueño... ¿qué soy?
Si no amo... ¿qué clase de existencia es esta?

No. Mejor seguir. Mejor caer y levantarse. Mejor arder que apagarse. Mejor ser un cabrón con el corazón roto pero latiendo, que un fantasma que nunca se atrevió a vivir.

Y si duele... que duela. La puta vida duele. Pero duele más no haberlo intentado.
Así que aquí me quedo. Solo. Entero. Libre. Y jodidamente vivo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario