Tras la ocupación de la Península ibérica por las tropas francesas en 1808, la Junta Suprema de Canarias barajó la idea de independizarse de la corona española para convertirse en protectorado británico, integrarse en los Estados Unidos, al imperio del Brasil o a la América hispana según explica el historiador de la Universidad de La Laguna, Manuel Hernández, quien reproduce en el libro La junta suprema de Canarias y la emancipación americana el informe que elaboraron sus miembros cuando el poder de la monarquía borbónica española fue sustituido por el de José Bonaparte, satélite de la Francia imperial.El estudio de Hernández analiza además el protagonismo de las clases dirigentes tinerfeñas de la época, lideradas por el marqués de Villanueva del Prado, Alonso de Nava y Grimón, ya que constituyeron la Junta Suprema tras destituir de su cargo al capitán general con el objetivo de hacerse con el control político en todas las Islas. Control que sólo encontró el rechazo del Cabildo de Gran Canaria.Debates y alternativas. "Ante la evolución de los acontecimientos en la Península, estas elites decidieron plantear el futuro del archipiélago. Y tal y como explican en su informe aprovecharon la coyuntura política del momento para obtener un estatus de privilegio, ya que por aquel entonces se pensaba que Napoleón no iba a salir nunca de España", señala el historiador, que añade que este asunto se debatió en la Junta y tras barajar numerosas alternativas, entre las cuales se planteó la unión con la América hispana, la de integrarse a los Estados Unidos o la alcanzar un estatus especial si se agregaba al imperio del Brasil, finalmente se acordó el de crear una república independiente bajo protectorado británico. "Para tal fin fue fletado un barco para Gran Bretaña para negociarlo con el gobierno británico, aunque se frustró porque el navío fue hundido", añade. Estas circunstancias provocaron, explica Hernández, cierta inquietud en Canarias, lo que condujo finalmente a la disolución de la Junta Suprema y a su posterior integración en la Junta Central del Reino de España.El historiador señala que uno de los miembros de la Junta Suprema de Canarias, el marqués de El Sauzal, Gaspar de Franchy, que pasó gran parte de su vida en Francia, afirmó que esa "inquietud o miedo" tuvo su origen en la personalidad de Alonso de Nava, ya que no quiso que la Junta mantuviera a partir de entonces su operatividad.El libro La Junta Suprema de Canarias y la emancipación americana está basado fundamentalmente en documentación de uno de sus miembros, el marqués del Sauzal. Para el historiador el último gran periodo de expansión económica de Canarias ante del hundimiento de los vinos comprende el periodo 1796 a 1814, y particularmente a Tenerife, ya que era en aquel entonces el centro económico del archipiélago. Las elites tinerfeñas aprovecharon el bloqueo napoleónico y se enriquecieron gracias al comercio neutral que mantenían con los barcos de bandera norteamericana.Controlar el comercio. "Santa Cruz de Tenerife vivió una época dorada como centro de intermediación y también el Puerto de la Cruz con la exportación vinícola, ya que Inglaterra consumía grandes cantidades de vinos canarios gracias al bloqueo napoleónico". Ello explica, según Hernández, que las élites de Tenerife que controlaban todo el comercio quisieran aprovechar esa coyuntura con la desaparición del mando protector de la metrópolis para conseguir un estatuto que garantizase su libertad económica bajo el sostén de protectorado británico. El problema es que esta posición hegemónica de Tenerife fue contestada por Gran Canaria, ya que no quería someterse al vasallaje tinerfeño por lo que nunca aceptó la legalidad de la Junta Suprema, y constituyó un cabildo permanente como órgano soberano.Canarios en las Cortes de CádizEntre los canarios que participaron en las Cortes de Cádiz de 1812 destaca el gomero Antonio José Ruiz de Padrón, que siendo diputado por Canarias apostó por una constitución liberal, la creación de una universidad en las islas y la eliminación de ciertos tributos abusivos aplicados a los ciudadanos de Galicia, aunque ha pasado a la historia por su famosa alocución para abolir la Inquisición. También resalta el grancanario Pedro Gordillo, uno de los diputados liberales más radicales en Cádiz, ya que defendió un gobierno autonómico para Canarias con capital compartida, y ser el autor de un dictamen a favor de la abolición de los señoríos; y el icodense Santiago Key Muñoz, hermano del primer ministro de Hacienda de la República de Venezuela, Fernando Key Muñoz, que está considerado como el más conservador de todos los diputados canarios en las Cortes de Cádiz
domingo, 28 de diciembre de 2014
martes, 16 de diciembre de 2014
Los Masones
DESCRIPCIÓN DE UN PROCESO
El primero de octubre de 1823 el régimen absoluto había quedado
restablecido en España por la intervención francesa. Como afirma
Artola, la vuelta de los absolutistas al poder fíe seguida de fuertes y sistemáticas medidas de represión. La violencia represiva amenazaba
con repercutir negativamente en la opinión europea lo que preocupó
al duque de Angulema, jefe de los ejércitos de intervención, hasta el
punto de intentar frenarla sin éxito por el decreto de Andújar. Iris
M. Zavala recoge los testimonios de los historiadores de la época,
sobre los atropellos contra liberales cometidos por el gobierno y las
partidas de realistas que rondaban los pueblos predicando el exterminio
de francmasones y comuneros. Patricio de la Escosura narra cómo una
turba de realistas asaltó a Ventura de la Vega en la Puerta del Sol por
dejarse crecer el pelo y llevar melenas, crimen reputado a la sazón como
infalible síntoma de masonismo. También Fernández de los Ríos afirma
que la creación en enero de 1824, de las superintendencias de policía
y las comisiones militares, ahuyentó de España a más de 24.000
familias. Lo cual nos da una idea bastante aproximada de la situación
del país en aquellos tiempos.
De estos años y coincidiendo con este periodo de represión son
los primeros datos oficiales sobre la Masonería en La Palma. Se trata
del proceso seguido por la Comisión Militar ejecutiva de Canarias
contra los supuestos reos de masonismo: don Domingo Román de
Linares, alcalde mayor de la Isla; don Luis Vandewalle de Guisla,
coronel y gobernador militar de la misma; don Nicolás Massieu de
Vándala, capitán retirado y don Antonio José Cabrera, teniente y
ayudante segundo. Siendo el principal implicado don Nicolás Massieu.
Este hecho fue citado por Francisco M. de León ,
«en la isla de La Palma fue donde habiendo amanecido en
una mañana ciertos instrumentos o jeroglíficos de la masonería
colgados en la casa de don Nicolás Massieu de Vándala,
procedióse contra éste, porque hubo algún indicio de que le
pertenecían; y procedióse también contra el coronel don Luis
de Wandewall que, según inteligentes aseguran, era de ideas
totalmente contrarias, así como contra el alcalde mayor
don Domingo Román y Linares, los cuales fueron trasladados
a Tenerife y juzgados y absueltos por la Comisión militar
ejecutiva que por real orden de 6 de octubre de 1824 se estableció, y que no marcó seguramente su existencia con
actos de rigor».
Recientemente, se hizo eco de ésta referencia, Juan Régulo Pérez
afírmando la personalidad masónica de dos de los detenidos, «...el
año de 1824 tuvo lugar un pleito ruidoso, en el que los masones
don Nicolás Massieu Vándala y don Luis Van de Walle fueron condenados
a penas de prisión y embargo de bienes, aunque luego les
vieron condonadas».
Parte de la documentación de esta causa fue publicada en forma
de folleto a finales de 1825. El Extracto, pretende sintetizar lo más
sustancial del famoso proceso y de él nos hemos valido para esta
primera aproximación al origen de la Masonería en La Palma. El
litigio se desarrolla entre 1824 y 1825. Según se desprende del mismo,
el 20 de Abril de 1824 el Comandante general de Canarias remitió un
anónimo al presidente de la Comisión militar, Fausto Cathalan,
«denominando en él varias personas como pertenecientes a la reprobada
sociedad secreta de Mazones en dicha Isla de La Palma», asi como
denunciando la existencia de las insignias.
La dinámica ejecutiva comienza con el nombramiento de un
primer fiscal comisionado, el teniente coronel de Infantería don Miguel
Giró, quien, en compañía de un secretario Carlos Fernández, viajó a
La Palma «para la averiguación de todo». Una vez allí, «procedió sin
consulta de la Comisión a la prisión y embargo de bienes» de los individuos
mencionados al comienzo de este trabajo. A quienes, pese a sus
protestas y tentativas ante el Comandante general y la mencionada
Comisión ejecutiva, condujo prisioneros a Santa Cruz de Tenerife.
Para comprender el giro que tomará la causa desde el punto de vista
de la actividad fiscal, es preciso considerar aquí la declaración del
«Acesor» de la Comisión. Empieza el informe mostrando su sorpresa
al observar como se «encontraba tratado como reo y embargados sus bienes el Alcalde mayor», cuyo delito principal, era la omisión «mas ó
menos culpable» a la hora de averiguar el autor o autores que colgaron
las insignias en casa de Massieu. Y cuyo juicio correspondía a la Real
Audiencia y Tribunal competente. En vista de los cual dictamina la
puesta en libertad del alcalde y el «desembargo de sus bienes».
Siguiendo con su informe, considera que «tan arbitraria con muy poca
diferencia, habia sido la prisión del Coronel Don Luis Vandewalle,
y el embargo de sus bienes». Respecto a don Nicolás Massieu, afirma
el «Acesor», un «testigo singular» vio unas insignias en casa de éste.
Pero no reconoció su semejanza con las colgadas en el balcón. Añadiendo
la existencia de «amaños» en la declaración de dicho testigo. En su
conclusión solicita la reducción de la causa al «estado de sumario»,
asi como su ampliación con el testimonio íntegro de otra seguida por
el gobernador de la Isla en diciembre de 1823, coronel don Antonio
de Guisla y Pinto, para deducir el valor de las afirmaciones de los
testigos. Subraya la necesidad de poner «testimonio de las sumarias
seguidas contra las sociedades de Comuneros», —de las qué daremos
alguna mención más adelante—, «y desórdenes de que hablaban
Don Nicolás Massieu y el Alcalde mayor en sus confesiones». Por
último, pide la recusación «in totum» al fiscal comisionado, Miguel
Giró, solicitando se ocupe otro de su continuación. Finaliza pidiendo
la libertad y desembargo de bienes para todos los implicados. Como
puede observarse, la actuación del «Acesor» semeja la de un abogado
defensor.
Reunida la Comisión en 2 de agosto de 1825. Decreta la inocencia
de todos los individuos salvo Nicolás Massieu, el cual debe guardar
«carcelería en esta Villa y arrabales con las precauciones y seguridades
que tenga a bien el Señor Presidente». Establece lo detestable de
los anónimos como pruebas legales y se acepta el nombramiento de
un nuevo fiscal . El 11 de agosto fueron puestos en libertad los
acusados que permanecían custodiados en el castillo de San Juan.
Mientras que, como dijimos antes, Massieu debería aguardar en la
ciudad hasta la solución definitiva del que ahora era su proceso.
Se nombra fiscal, conforme a lo dispuesto, al coronel palmero Don José de Guisla y Pinto. Las pesquisas de éste en La Palma se
desarrollaron del 29 de agosto al 8 de septiembre de 18 25, enviando
los resultados por el mismo secretario, Carlos Fernández, pues él
enfermó en la Isla. Un nuevo fiscal ocupa su puesto, el teniente coronel
Lucas Marín. Este procede a interrogar a Massieu, que solicita en
su apoyo «la causa —mencionada por el «Acesor»— que el gobernador
de la Isla de La Palma, coronel Don Antonio de Guisla y Pinto
habia formado al Párroco Don Manuel Díaz y demás exaltados constitucionales
y revoltosos de aquella Isla, en Diciembre de 1823»,
dado que según aquel, «los reos que en ella aparecían, eran los acusadores
y falsos impostores en esta presente». Por demás, el fiscal encuentra
que no aparece nada legalmente probado contra el acusado,
y solicita, en consecuencia, su puesta en libertad.
Los argumentos de la defensa se basan en la acusación sistemática
al grupo liberal, derrotado tras la vuelta del absolutismo, cuyo
supuesto dirigente, es una de las más interesantes figuras de la primera
mitad del siglo XIX palmero, el cura Díaz. Así pues, el texto del defensor
—capitán Atanacio Domínguez— no puede ser más explícito,
«una facción desorganizada destructora del orden y contraria
á los derechos Soberanos que tuvo su principio en el ominoso
sistema de la llamada Constitución, cundió por desgracia
en la Isla de La Palma mas que en otra parte apoyada y
dirigida por la misma persona que por su carácter y ministerio
debió de estirparla y destruirla. El Párroco Don Manuel
Díaz Carmona , célebre y memorable en los fastos de la
revolución (sic) y del desorden, logró apoderarse del gobierno
de dicha Isla, así municipal y civil como eclesiástico,
rodeado de los facciosos que entablaron una constante
persecución contra los amigos del Rey N. S. y partidarios
del Gobierno soberano y absoluto».
Estos les hicieron frente, y sobre todo Don Nicolás, a quien apedrearon
su casa rompiendo las vidrieras. Pero una vez restaurado el
monarca en el poder, y en vista de que continuaban los desórdenesañade la defensa, se hizo necesario «atajarlos» mediante procesos.
Convencidos de que no podian continuar con sus actividades, deciden
vengarse de sus enemigos realistas mediante el anónimo y la calumnia.
En este sentido, propone que se cotejen las firmas de los testigos con
la letra del anónimo; y arguye la posibilidad de que la «facción»
autora de éste se haya apoderado del fiscal Giró, dada
la nulidad de su intervención. Al mencionar la causa formada a los
«constitucionales exaltados» por el gobernador Antonio de Guisla,
cita al presbítero José M.* Carmona, primo hermano de Díaz, y a otros
liberales como Pedro Ranuj y Jacob Saceta. También a Eugenia
Carmona, quien al parecer robó en casa de Massieu, testigo singular
de quien hablábamos al principio, e igualmente de la familia Díaz-
Carmona. Afirma, en fin, la ineptitud de los testigos. Considerando
además que las insignias, traídas de la Habana por un tal Batista, piloto,
fueron puestas en el balcón de Massieu por uno de los Carmonas.
Finaliza pidiendo castigo para el fiscal Giró y la libre absolución para
su defendido.
La sentencia se dictó el 28 de octubre de 1825. Nicolás Massieu,
con el resto de los implicados, es absuelto y puesto en libertad, con
desembargo de sus bienes y «haciéndose pública su inocencia». Quedándoles
el derecho a «repetir contra quien haya lugar» por los perjuicios
sufridos. Giró, el primer fiscal, es condenado a veinte días de
arresto en un castillo, y, según una nota manuscrita al final del expediente,
por asuntos s^nejantes fue sentenciado a cuatro años más de
prisión, recibiendo sólo la mitad de la paga de teniente, pues sus ascensos
de capitán y teniente coronel los obtuvo bajo el gobierno liberal.
A la hora de resaltar la importancia de este proceso para conocer
los orígenes de la Masonería en La Palma, se hacen necesarias algunas
puntualizaciones que, en sentido general, ayuden a precisar el carácter
especial de la Orden masónica en estos tiempos y en países como
España e Hispanoamérica. Se trata de su relación con las ideas liberales
y revolucionarias. Es preciso destacar aquí las afirmaciones de autores
como Ferrer Benimeli , el cual, compartiendo la opinión del pro- constituyen suficiente prueba como para pensar en una actividad política
sólida de la Orden en estos momentos. La fama adquirida por el
proceso se debe, ante todo, al hecho de verse envueltos en él una serie
de individuos no precisamente destacados por sus ideas liberedes,
nos referimos, claro está, a los militares mencionados al comienzo; y
por las anormalidades del mismo, sustentado en principio sobre una
delación anónima.
En cuanto a las acusaciones que pesan sobre Manuel Díaz —de
quien nos ocupamos más adelante— y demás liberales, no constituyen
tampoco, ima sólida base sobre la que apoyar una actividad masónica
organizada de éstos. Resulta innegable el espíritu liberal de Díaz, pero
no se puede afírmar, como quería el defensor, su personalidad masónica.
De todas formas cabe destacar, el carácter justiciero y filantrópico
de Díaz, lo cual unido a una buena cultura que le inclinaba por las
ideas liberales moderadas y a una muy posible actividad social importante
en la Isla, fue la causa por la que se le consideró, como muestra
el expediente, el líder del grupo liberal. El error está en la base del
confusionismo existente, a partir de este momento, entre liberalismo
y Masonería.
Conviene en definitva anotar, que la Masonería palmera del
primer cuarto del siglo XIX, constituye más bien un hecho aislado; la
primera organización masónica real y suficientemente documentada
de la Isla, surgirá en los primeros años de la década de 1870, extendiéndose
hasta fines de siglo. Todo lo cual nos permite afirmar que la
Masonería palmera de la época que nos ocupa fue bastante incipiente,
siendo seccionada en sus mismas raíces.
lunes, 15 de diciembre de 2014
Domingo Acosta Guión
Domingo Acosta Guión fue de los que pudo y no quiso manteniendo una premisa sobre todas, su dignidad.
Murió soltero en Santa Cruz de la Palma el 15 de noviembre de 1959.
MADRIGAL DEL PEDO
El pedo no sólo es viento
sino musicalidad
arrullo, trino y lamento
y alivio y necesidad.
El pedo es réplica, es treno,
repulsa, condenación,
habla como una oración
remueve como barreno.
De tono muy diferentes
hay pedos al natural
que por mas que huelan mal
suelen ser pedos decentes.
Cuando se ve presumir
de justo a un tipo nefando,
no es nada extraño el oír;
" ¡qué pedo se está escapando!"
Y cuando un cursi lilial
mira al pobre con desdén
un pedo le suena mal
y un pedo le viene bien.
Hay pedos sietemesinos,
con voz de monja melosa,
pedos apocados,finos,
y hasta de color rosa.
A veces cuando en un duelo
un prófugo se hace oír,
tras el disfraz del pañuelo
se pone el llanto a reír.
La nariz se ve en apuro
y pide auxilio a la mano
cuando sale por el ano
un cuesco oliendo a carburo.
Ese es "gufio" llamado
hipócrita y bajo al fin,
un pedo mal engendrado,
bastardo del estantín.
Si de él me ocupo, aunque abunda,
y más que venga de rey,
es porque no se confunda
con el pedo que es ley.
Como el regüeldo quizás
es un pedo mal nacido
que se vuelve para atrás,
vamos, un pedo invertido.
Aunque se que el de pimienta
tiene un olor apestante
que al que coja por su cuenta
le sabe a gas asfisxiante.
Mas que sea solfeado
y le digan: "¡ Pa su tia!"
hay pedos desafinados
y hasta sin ortografía.
Pero el pedo es gracia pura
cuando no tiene sordina,
armonía de la altura
universal y divina.
Si el culo no tiene susto,
sin hacer el menor guiño,
hay quien se caga de gusto
y en explosión de cariño.
¿Quién no se caga, señor,
si desde tiempo remoto,
por ser tanto valor
tiene el culo voz y voto?
Por eso al venir al culo
yo por permiso no espero
y ningún pedo estrangulo
y me cago los que quiero.
Si alguno, por consecuencia
lo toma con desagrado,
advierta que he decretado
el cagarme en la decencia.
Y advierta también, si clama
porque haya culos de escuela,
que quien se caga en la cama
y a veces hasta en su abuela.
Cáguese, pues, sin cuidado,
que ahogar el culo es de necio,
y que cuando es más sonado
el pedo no tiene precio.
Por cumplidos no lo haga
y cáguese en donde esté,
porque si usted no se caga
pueden cagarse en usted.
Y después que haya aflojado
dígale al pedo: "¡ Bendito!"
y que siempre sea loado,
si es que es pedo y no es pedito.
GODO
Llega un godo y otro godo a esta tierra hospitalaria vociferando de todo, hallan plácido acomodo y arrojan la solitaria. Empiezan a codearse, a echar andorga y tupé. A ver al sastre, a bañarse, a fumar puros y a hartarse de beber en el café. Quién que de estirpe preclara pregona por las esquinas, de venir de los Mañara, de Ladrones de Guevara... o ladrones de gallinas. Cual que tiene por divisa presentar el nalgatorio por donde le da la brisa, y tal que es para Tenorio más feo que un pedo en misa, persigue de un nuevo rico algún guayabo en sazón, y el pais le sale chico para ser cabrón y pico que es pasarse de cabrón. Cual otro, que de saber no duerme en adquirir fama, sin llegar a conocer que no ha pasado de ser distinguido coño mama. De godos y sarracenos nos llega cada ejemplar que el que más como el que menos tenemos los huevos llenos sin poderlo remediar. Esto lo dijo un palmero que está bien harto de godos, después, volviendo el trasero, rubricó con gran salero: ¡cuatro pedos para todos! Domingo Acosta Guión
jueves, 11 de diciembre de 2014
Hundimiento del Valbanera
El Valbanera fue un barco que a principios del siglo XX hacia la ruta España- Canarias- Cuba llevando a la isla del Caribe a los canarios que buscaban en la emigración la fortuna que las Afortunadas por el colonialismo les negaba. En 1919, el Valbanera partió del Barcelona, hizo escala en varios puertos del Mediterráneo y finalmente en Canarias, en cuyos puertos de Gran Canaria, Tenerife y La Palma subieron a bordo más de 500 canarios. Hizo escala de destino primero en San Juan de Puerto Rico y después en Santiago de Cuba: en estos puertos quedó la mitad del pasaje, la otra mitad iba con destino la Habana, pero nunca llegaron. Un extraño temporal se tragó literalmente al Valbanera. El suceso causó honda impresión en Cuba y en Canarias y de el se hicieron de inmediato sen dos "romances", con mayor precisión en Cuba y Canarias.
Se ha hundido el Valbanera , barco de tanto valor, con jardines y teatros de luminoso color.
De Gran Canaria salió con rumbo a la Habana, con cientos de pasajeros de todas las islas hermanas.
Barco lindo y preciosos, así era el Valbanera, de seda sus camarotes y de espaciosa cubierta.
Cuando iba navegando ni siquiera se enteró que en la Habana le esperaba un gran golpe de traición.
Cuando en Santiago atracaba la noticia recibió, que allí se mantuviera, que un temporal amaneció.
~ Yo agradezco su atención con toda amabilidad ~ ¬ esta ha sido la respuesta que le había dado el capitán¬ .
Tengo confianza en el barco, también en sus maquinarias. antes del ciclón venir yo lo atraco en la Habana.
Todavía el capitán no estaba equivocado, porque en varios temporales ya se había salvado.
En Santiago atracado todavía estaba el barco, cuando una niña llorando, así decía a su madre: ¬ Vamos a quedarnos, mamita ¬ le suplicaba la nena¬ en el puerto de la Habana no hace escala el Valbanera ¬
Muchos pasajeros más lo mismo querían hacer, pues la niña adivinaba y la podían creer.
Así lo hizo su mamá, pero algunos dijeron: ¬ Serán cosas de la niña, porque ella tiene miedo.¬
La niña quería reír pero se puso a llorar: ¬ Desembarquen, caballeros miren que se van a ahogar, yo se los vuelvo a decir, porque me da mucha pena de que vayan a morir a bordo del Valbanera¬.
Al fin el barco salió, con mal rumbo navegaba, con un fuerte temporal cerca de la Habana.
Los que en Santiago quedaron la suerte les ayudó, pero a los que han continuado la desgracia les tocó.
Muy cerca de aquel puerto se encontraba el Valbanera, aguantando el temporal de muy mala manera.
El oficial telegrafista, por orden del capitán pedía auxilio amargamente sin poder comunicar.
Al repetir su llamada era por segunda vez de que el barco más cercano les viniera a socorrer.
Ordenado el capitán la salvación como era, el daba la consigna al oficial de primera: Primero las señoritas, segundo los caballeros, tercero los niños chicos y cuarto los marineros.
El de la telegrafía ni un momento descansaba y el barco no resistía porque el mar lo arrollaba.
Un americano entró y no le pudo socorrer, batallaba el Valbanera y no se pudo defender.
Esperando, esperando pero ningún barco venia y con amargo dolor las mujeres decían:
¬ Capitán le suplicamos con clamores y dulzura, digan vengan a salvar a estas pobres criaturas.
No nos importa morir porque una muerte se debe, por lo menos que refugien a estos niños inocentes.¬
Auxilio volvió a pedir con rasgos de compasión, de llantos y de armonía que partía el corazón.
Lo más lastimoso es lo que les voy a decir, que Jorge Tercero estaba y no lo dejaron salir.
Cuando el Jorge no salió es que todo esfuerzo es nulo, para que se hundieran los dos que se perdiera sólo uno.
Comunicando el Valbanera que muy poco se entendió, en la Habana se guardaba un silencio con fervor.
En su última llamada cuando socorro pidió, en la isla de Cuba la gente se conmovió.
¡ Que destino compañeros! Y al decirlo da compasión: se ha perdido el Valbanera por un horrible ciclón.
Que triste ha sido, señores al saberlo la isla entera, el destino tan fatal que ha tenido el Valbanera.
Muchos cientos de personasen aquel puerto esperaban a sus seres más queridos, pero estos no llegaban.
miércoles, 10 de diciembre de 2014
El Fuego de Garafía
En mil novecientos dos, para ser más acordado, del doce al catorce de agosto, el día más desgraciado, que ha sucedido en La Palma, el caso más temerario.
En el pueblo de Garafía y también en otros lados, pero en Garafía fue por completo desgraciado.
Remató de medio pueblo un fuego temerario, repartiendo a todas parte que todo dejo quemado.
Llegó por ciertos parajes a las piedras del cayado, castigo que mandó Dios que lo teníamos ganado, que de Dios nadie se acuerda sino cuando está apurado.
Dios dispuso en agosto a dejarnos conquistados, que buenos padecieron por las culpas de los malos, que como dice el adagio que pronto os declaro: las ovejas de San Pedro por una pagaron.
Dicen que no lo mandó Dios pero he calculado que si Dios no lo mandó debía haberlo atajado.
De San Antonio del Monte que se vio tan afectado, que se quemó la ermita, las paredes le quedaron.
San Antonio se quemó y San Roque y San Bernardo, pero el que estaba en el cielo pocos fueron sus milagros.
Tanto como le prometen lo que se ven apurados, prometiéndole gran fiesta como nunca han gozado.
Hay muchos que le prometen con un corazón humano: " Padre mío San Antonio óyeme cómo te llamo, si mi casa no se quema ni mi cosecha de grano me voy de mi casa a la tuya de rodillas desmayado y mi mujer y mis niños con una luz en la mano, que será como una lengua, pero la cumplo en un año ".
No lo acaba de decir, ya el fuego está apoderado, porque cuando Dios no quiere no hay santo que ponga mano.
Los hombres que más podían todos está apurados, dándose unos a otros con guatacas y ramos acometiendo contra el fuego y no poder atajarlo.
Y viendo que no podían vencerlo por ningún lado todos dicen a una voz como buenos garafianos: " A morir, que no hay remedio, y a huir que nos quemamos, porque la vida es amable y que poco la estimamos.
Nacemos para morir, Dios nos reciba en sus manos, los pecados que hemos hecho, Dios nos haya perdonado"
Unos se van de su casa...
Algunos tienen a su padres de muchos años baldados y como los atraviesan a ver si pueden salvarlos en las tierras que querían para papas de verano, dejándolos por encima poco menos que enterrados.
Para la cumbre se fueron tocando aprisa el ganado, con los niños en el brazo y otros de la mano, de mano se lo figuran pero iban arrastrados.
Los niños pequeños lloran al ver ver los padres llorando: ninguno se maraville que lloren los desgraciados, que de sus casas salieron que ni las puertas cerraron, sin sacar siquiera de ellas ni el pajero más liviano.
Para la cumbre se fueron tocando aprisa el ganado, de la misma cumbre vieron todo de fuego bañado y el humo que parecía como cuando está embrumado y el gran ruido del fuego que parece estruendo grado.
Se fueron pa' Puntagorda, Tijarafe y otros lados, unos a pedir limosna y otros en busca de amo, si quiera por la comida y gracias que la ganamos que aquellos que no lo cuentan se vieron más apurados.
Los que iban pa' Puntagorda, en el pinar se ajuntaron, como trescientas personas con lágrimas a puñados.
Allí se cuenta las penas, todos juntos rebujados; las pena que allí se cuentan no las escribe un escribano.
Algunos se hacen temerosos y otros se encuentran privados dicen ~ No me voy de aquí, me han de llevar amarrado, donde mis intereses se queman quiero que se queme su amo~
Ese tal tiene dos hijos, los que todos se marcharon, dejando los padres solos en un ataque tan bravo, sin saber sus padres de ellos ni ellos de sus ancianos, y por milagro de Dios su casita la escaparon; él escapó donde vivir, hoy se encuentra millonado.
martes, 2 de diciembre de 2014
Amazing
jueves, 13 de noviembre de 2014
José de Arce y Rojas
El padre Jose de Arce y Rojas Nació en Santa Cruz de La Palma el 8 de noviembre de 1651 en el seno de una familia acomodada. Su padre D. José de Arce y Escobar, natural de la isla Terceira del archipiélago de Azores se estableció en La Palma en 1640 y contrajo matrimonio el 17 de mayo de 1644 con Dña. María de Rojas y Lima del que nacieron 3 hijos: Juan, José y Luis de Arce y Rojas. Los tres hermanos se educaron en el convento de Santo Domingo de la capital palmera. En 1668 José de Arce llega al colegio de San Hermenegildo (Sevilla) para estudiar Derecho, carrera que abandonó al año siguiente por sentir una fuerte vocación religiosa e ingresa, el 30 de julio de 1669, en el colegio de San Ambrosio, noviciado de Villagarcía de Campos (Valladolid). Tenía 18 años, blanco de piel, alto, de pelo castaño y un lunar en el carrillo derecho. Su carácter vivo y fácil elocuencia le confiere una gran reputación como educador y orador en los primeros destinos en Sevilla, Valencia, Valladolid y Salamanca. Había terminado los estudios de Filosofía y Artes. Sus enormes deseos de pasar a las misiones de las Indias los rentabilizó al aprovechar la llegada a España del Procurador General de la provincia del paraguay, el P. Cristóbal Altamirano s.j. Pudo entrar en la expedición de 33 religiosos concedida el 20 de octubre de 1672, aunque no salió hasta el 15 de diciembre de 1673 con dirección a Buenos Aires (Argentina). Inicia aquí la etapa americana que durará 41 años de dedicación a la conversión de los indios chiriguanos y chiquitos. Llegó a Buenos Aires el 15 de marzo. Se desplazó a la ciudad argentina de Córdoba donde estudió y terminó de especializarse en Teología. Enfermó gravemente de tisis hasta casi fallecer. El 7 de noviembre de 1677 es ordenado sacerdote, un día antes de cumplir los 26 años. Sus últimos votos los profesó en San Ignacio Guasu (Paraguay), el 15 de agosto de 1686, día de Nuestra Señora de la Asunción, patrona de Asunción, capital de Paraguay. El siguiente trienio lo encontramos enseñando Filosofía y Humanidades en Tarija (Bolivia). Sus dotes para la labor misionera las puede llevar a la práctica en octubre de 1689 cuando sale de Córdoba. Estudió y dominó las lenguas de chiquitos, quichuo, guaraní, chiriguaná y payaguá. En compañía de 5 jesuitas más, marchan a Tarija para fundar allí un colegio e iniciar su sueño dorado, la conversión de los chiriguanos. En estos momentos el P. Arce inicia los contactos políticos con el Cabildo y sociales con los caciques de distintos grupos de indígenas que querían abrazar la nueva religión y demandaban la presencia de los padres jesuitas para que defendiesen sus tierras y cuidaran de ellos como sus parientes guaraníes. Estos indios desean abrir el camino por Pilcomayo para el Paraguay porque sabían de la abundancia de vacas, remedio de tantas hambrunas que padecían por las plagas de langosta. El 26 de septiembre de 1690 logra pacificar un grave conflicto de guerra entre dos caciques en Pilcomayo. El 21 de noviembre funda una reducción en el río Guapay, la de «Presentación de Nuestra Señora». El 31 de julio de 1691 funda la reducción de «San Ignacio» en el valle de Tarequena. Su labor debía continuar hasta el lago Xarajes, poniéndose en marcha el 9 de diciembre con su acompañante y dos mozos que le servirían de guía hasta las primeras rancherías de las Piñocas, para penetrar en la tierra de los chiquitos. A finales de mes llegó a un lugar en el que encontró los indios contagiados de viruela y decidió quedarse con ellos. El día de final de año levantó una cruz delante de la cual rezó el P. Arce la letanía lauretana con los indios arrodillados. El 14 de enero de 1692 tenía ya acabada la iglesia que llamó de» San Francisco Javier de las Piñocas»; en honor de su santo devoto, por el cual llegó incluso a firmar como José Francisco de Arce y Rojas. Esta es la tercera fundación de una reducción por el P. Arce. La cuarta fue la de» San Rafael». Fue nombrado Padre Superior de las reducciones chiriguanas. A mediados de febrero llega la noticia de que los paulistas (portugueses de Sao Paulo) habían pasado en enero el río Paraguay para destruir Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). El P. Arce pidió ayuda al Gobernador que le mandó un grupo de 130 soldados a los que se unieron 500 indios flecheros, al tiempo que el P. Arce dispusiera que la reducción de San Francisco Javier se trasladase a un sitio más cómodo y abierto, más seguro y fuerte, sobre el río aperé o San Miguel. La victoria es para los españoles y chiquitos, siendo el P. Arce agasajado en todas las reducciones por él fundadas a su paso. En 1693 indios enemigos destruyen el pueblo de Presentación de Nuestra Señora. Las constantes amenazas de paulistas y cruceños por hacer esclavos fácilmente en las reducciones hace que el P. Arce traslade las misiones hacia lugares más seguros. En 1701 realiza un memorial sobre la» yerba mate» que envía al General de la Compañía, siendo el impulsor de este cultivo como manera de acabar con el alcoholismo entre los indios y como fuente de ingresos para las reducciones. Pero en su mente siempre estaba el encontrar la ruta que uniera las 30 reducciones guaraníes con las 10 de Chiquitos por el río Paraguay, ya que la otra ruta desde Asunción por Tucumán y Santa Cruz era larga y costosa. Con esta idea llega a Asunción en 1703 y monta una expedición con salida el 26 de junio. Frustrado por no hallar el camino regresa el 7 de enero de 1704, momento en el que se aprueba su proyecto sobre la» yerba mate». Son unos 3.000 los indios que están reducidos. Numerosos y frustrados fueron los intentos por abrir la ruta. Sabemos que en 1706 el P. Arce era cura del pueblo de San Miguel. Existe un vacío cronológico de la vida del P. Arce hasta 1713 en el que nuevamente lo encontramos de cura en San Miguel. De seguro seguía con las misiones en Chiquitos, pues en estos años hubo una Prohibición Real de las expediciones. A finales de enero de 1715 se inicia la definitiva expedición encabezada por el P. Arce y el P. Bartolomé Blende en busca de Chiquitos por el río Paraguay. A lo largo de la ruta tuvieron varios contratiempos con los payaguás y los guaycurús, llegando en barcas hasta la laguna de Mayore. A mediados de agosto inicia el camino por tierra con 12 indios, dejando al P. Blende y un grupo de guaraníes. Por fin, después de un accidentado y penoso viaje cumple su viejo sueño al llegar a la misión de San Rafael de los Chiquitos. De regreso, en Pataguá (Bolivia), encuentra al P. Blende y los indios muertos y cae en la mortal emboscada que le tendieron los payaguás. Sus últimas palabras, antes de perder la vida, fueron: «Hijos míos, muy amados, ¿por qué hacéis esto?». Era diciembre de 1715 cuando ocurrió el martirio del P. Arce, de 65 años de edad, después de 41 años en misiones y 45 de vida religiosa en la Compañía de Jesús. Su recuerdo quedó grabado en la lista de mármol de los mártires del Paraguay que se encuentra en la capilla de los Mártires en el Colegio Cristo Rey (Asunción), en el que es considerado como «venerable».